“[Nosotros] éramos el Grupo de Cali, lo que no me gustaba era el Caliwood” @ LaAgencia / 14 SRA (Bogotá)

Ana María Millán & Eduardo Carvajal — La Pieza Ensayo (2008)

Ana María Millán & Eduardo Carvajal — La Pieza Ensayo (2008)

Ana María Millán & Eduardo Carvajal — La Pieza Ensayo (2008)

Ana María Millán & Eduardo Carvajal — La Pieza Ensayo (2008)

Ana María Millán & Eduardo Carvajal — La Pieza Ensayo (2008)

Ana María Millán & Eduardo Carvajal — La Pieza Ensayo (2008)

Re:producciones — Ejercicio de Memoria (1) (2012)

Re:producciones — Ejercicio de Memoria (1) (2012)

Re:producciones — Ejercicio de Memoria (1) (2012)

Re:producciones — Ejercicio de Memoria (1) (2012)

Re:producciones — Ejercicio de Memoria (1) (2012)

Re:producciones — Ejercicio de Memoria (1) (2012)

 
Dos piezas producidas con fragmentos de un mismo gran archivo, propiedad de Eduardo “la rata” Carvajal, mítico fotógrafo del cine caleño. Por un lado, tenemos las grabaciones de un casting y de unos ensayos para la película Aquel 19, de Carlos Mayolo, a partir de los que Ana María Millán, en compañía de Carvajal, reconstruyen la trama de la película en tres videos que conforman una instalación. Por otro lado, a partir de secuencias de fotos y de fragmentos de entrevistas a Carvajal, REproducciones (Lina Rodríguez y David Escobar) hacen una especie de sonoviso sentimental, un recorrido lleno de anécdotas, trivialidades y opiniones, por la vida de Carlos Mayolo o, más exactamente, por la vida de Carlos Mayolo junto a (y a través del ojo de) Eduardo Carvajal.

Material sobrante, imágenes sin uso, actuaciones sin histrionismo, registros pobres, películas sin decorado, sin maquillaje y sin caras reconocibles, pedazos de historias de muerte y de amistad que apenas quedan esbozadas, testimonios parcos y una impresión general de fragilidad y carencia son los productos resultantes de estos ejercicios de reelaboración de un archivo que, mirado objetivamente, debería entenderse como una guaca, preñada de resplandores capaces de contar la historia en mayúsculas del Grupo de Cali, ese al que Carvajal se resiste a llamar “Caliwood” y que aquí, en las piezas que conforman esta exhibición, se queda sin ser contada.

En general, toda exploración de un archivo tiende arrojar como resultado evidencias de que algo que creíamos inexistente realmente existió, o de que algo que considerábamos irrelevante tiene en realidad importancia histórica y, en virtud de su importancia, nos permite entender el presente desde una perspectiva antes inédita e inaudita. Pero aquí pasa algo distinto: al darle un vistazo a las reediciones que conforman esta exposición se tiene la sensación de estar contemplando el hundimiento del archivo y de su función: una serie de acciones falsas o inexistentes actuadas perezosamente y con la simple intención de darle de comer a la cámara. Unas fotos tan bonitas como ambiguas y unos testimonios desenfadados y más bien anecdóticos tal vez nos dicen que no hay mucho que salvar y que, lo que fue, fue.

En la curso de la última década se ha construido una historia consistente del Grupo de Cali: reediciones de Ospina y de Mayolo, premios, homenajes, conmemoraciones, libros de memorias y de sobras, textos teóricos, sentimentales o sensibleros producidos por terceros, videos piratas de Agarrando Pueblo o de La Mansión de la Araucaima rodando por las calles a dos mil pesos… amigos y enemigos de los caleños, de Ciudad Solar, del Gótico Tropical, de Caicedo, todos juntos diciendo que el Grupo existía y que no solo era un grupo sino El Grupo, ese grupo único y particular al que todos llaman “Caliwood”. Todos menos La Rata Carvajal.

De repente el mérito de esta exposición consiste en mostrarnos la inexistencia de este grupo y de este mito. Quizás se trata de que veamos que la leyenda no es más que un grupo de pelados y de sardinas que no sabían actuar y que filmaban a la lata porque les valía chimba, que deambulaban con la mirada perdida por culpa de la puntorrojo o de la mangobiche, que se drogaban como se droga uno, que aprovechaban sus cagadas y sus cagaditas como uno intenta aprovechar las propias y que, en últimas, esa historia mítica vale mucho huevo porque al final todo esto se lo va a comer el monte y, aún así, en un futuro no tan lejano, habrá esperanzas de trascender para nosotros aunque, para ese entonces, nos será completamente irrelevante.

 
Víctor Albarracín Llanos
Bogotá, agosto 13, 2012
7 ℃


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Curaduría: Juan Sebastián Ramírez
Artistas: Ana María Millán & Eduardo Carvajal, Colectivo Reproducciones
Texto: Víctor Albarracín

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