Adrián Gaitán — Overtura Cochambre Op. 1 @ R&M (Cali)

Adrian Gaitan — Sin Titulo (2012)

Adrián Gaitán — Sin Título (2012)


Adrian Gaitan — Sin Titulo (2012)

Adrián Gaitán — Sin Título (2012)

Adrian Gaitan — Sin Titulo (2012)

Adrián Gaitán — Sin Título (2012)

Adrian Gaitan — Sin Titulo (2012)

Adrián Gaitán — Sin Título (2012)

Adrian Gaitan — 1700 Puntadas por Centimetro Cuadrado (2012)

Adrián Gaitán — 1700 Puntadas por Centimetro Cuadrado (2012)

Adrian Gaitan — 1700 Puntadas por Centimetro Cuadrado (2012)

Adrián Gaitán — 1700 Puntadas por Centimetro Cuadrado (2012)

Adrian Gaitan — Silla Luis XV (2012)

Adrián Gaitán — Silla Luis XV (2012)

Adrian Gaitan — Sin Titulo (2012)

Adrián Gaitán — Sin Título (2012)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2010)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2010)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2010)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2010)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2011)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2011)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2011)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2011)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2011)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2011)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2012)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2012)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2012)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2012)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2012)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2012)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2012)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2012)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2012)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2012)

Adrian Gaitan — de la serie Mamiferos (2012)

Adrián Gaitán — de la serie Mamíferos (2012)

Adrian Gaitan — Jabon Rey (2009)

Adrián Gaitán — Jabón Rey (2009)

Adrian Gaitan — Cancha de Tenis (2009)

Adrián Gaitán — Cancha de Tenis (2009)

Adrian Gaitan — A.R.T.E. (2010)

Adrián Gaitán — A.R.T.E. (2010)

Adrian Gaitan — Cuervos (2010)

Adrián Gaitán — Cuervos (2010)

Adrian Gaitan — Orificios Nasales (2010)

Adrián Gaitán — Orificios Nasales (2010)


Para ser pobre, es mejor ser rico que pobre

Antes, ensamblar cosas con pedazos de otras cosas era una tarea empujada por la necesidad y característica de la pobreza: la abuela en el campo sembrando maticas en tarros, en ollas viejas, en grandes frascos de mayonesa. En las ciudades, millones de personas haciendo casas con latas, con pedazos de plástico, con retazos de tablas y con cartones recogidos sabrá Dios dónde. Las matas crecían y la gente se protegía de las inclemencias del tiempo. Y punto.

En estas prácticas había elementos trágicos y pintorescos: el jardín de la abuela, con frasquitos y potes conmovía y eventualmente hacía reír sonreír; los barrios de invasión nos dan tristeza y, al tiempo, nos hacen decir que la gente es muy recursiva y que hacer una casa con pedazos de cosas que no están pensadas para hacer casas implica darse mañas e ingeniar estrategias.

Hace algo más de una década, rondaba por las ollas bogotanas un holandés que había trabajado como diseñador para Phillips. Según cuenta el mito urbano, el tipo se hizo famoso en las calles y en los parches porque diseñaba unas pipas para meter susto que estaban más allá de todo superlativo.

En esa época, simultáneamente, programas de cable como Bricomanía y canales como Utilísima y Casa Club Tv, ponían al alcance de las clases sociales más favorecidas la magia del ensamblaje y del retaceo, combinando ingenio y recursividad con un gusto excelente. Ya no se trataba de que la lluvia no le mojara a uno el colchoncito, sino más bien de descrestar a las visitas con un encantador centro de mesa hecho con pedacitos de chatarras diversas.

El siguiente paso estaba claro entonces: si ensamblar cosas para decorar el hogar se había convertido en una práctica socialmente reconocida, ¿por qué tomarse el trabajo y el tiempo de hacerlas cuando podíamos tenerlas ya hechas por otras manos a cambio de sumas de dinero dependientes de un número amplio de factores?

Así, el espacio del ensamblaje empezó a sofisticarse y generó iniciativas cargadas de discursos disímiles, generalmente asociados a las lógicas de la preservación ambiental, a la reutilización de los desechos del capitalismo, a la producción de iniciativas para la equidad social, a la generación de empleo, etcétera. Hoy, hay tienditas de diseño por doquier que venden billeteras hechas con tetrapack, bolsos con discos de vinilo, lámparas con utensilios de cocina viejos (e incluso nuevos) etcétera. La gente compra feliz estos productos utilitarios que ya no remiten a la necesidad ni a la voluntad de sobreponerse a la adversidad sino, más bien, al buen gusto y al estatus social.

Generalmente, los productos de diseño hechos con materiales reciclados duran poco: El tetrapack se decolora, las superficies de vinilo se rayan y los tejidos de plásticos distintos resultan estropeados bastante pronto.

Sin embargo, esa inestabilidad de los materiales y la precariedad de las técnicas para su reinserción garantizan la posibilidad de aceleración en los procesos de compra, uso y tenencia de las mercancías. Entre más pronto se dañe un objeto determinado, más pronto puedo comprar uno nuevo, rebalanceando las dinámicas de absorción de desperdicios no orgánicos.

Ahí es donde entra Adrián Gaitán, concibiendo una serie de objetos escultóricos increíblemente decorativos, modelados con el gusto del artista que se lleva por delante la vulgaridad del diseñador de objetos en serie, sacando de toda utilidad los desperdicios para convertirlos en un espectáculo de pura sofisticación: una alfombra de barro, una lámpara hecha con bolsas de agua o con cartón de cajas, una silla Imperio armada con ramitas y trapos o una serie de marcos pegados con alambre o con pita o con cabuya o con mocos (Dios sabrá).

Dominique Laporte decía que en las cloacas y en la mala parla de la cantinas estaba el tesoro del Rey, y parecería que aquí esa sentencia relativa a la cloaca como lugar de lujo y derroche se cumple a cabalidad. El asunto es que los objetos producidos por Gaitán abren espacios de significación y de contradicción en los que parecerían anular la materia de la que están hechos, dando un carpetazo, a su vez, a la función social que los caracteriza o, al menos, jugando con la inestabilidad de esa función hasta hacer que su cumplimiento resulte riesgoso y dejando, en su lugar, una pura idea desprovista de aplicabilidad.

Si bien los artistas han ensamblado cosas desde, al menos, el surrealismo, lo que tenemos aquí no es el típico ensamblaje artístico que empieza con el encuentro de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de cirugía sino, mejor, la imposibilidad de poner el culo sobre esa silla o los pies sobre ese tapete que estamos destinados a poseer y habitar solo en abstracto, transmutados en ese oro del pobre que siempre se escapa de entre las manos.

Víctor Albarracín


Curaduría: Juan Sebastián Ramírez
Artista: Adrián Gaitán
Texto: Víctor Albarracín

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